Carlos Gardel
Gardel, ultima carta
Juan Maglio "Pacho"
Pascual Contursi
Julio de Caro
Osvaldo Fresedo
El "Cachafaz"

Por Rafael Flores

 

Centenario de Osvaldo Fresedo

El cinco de mayo de 1897, en la ciudad de Buenos Aires, con el tango ya perfilado y la aún Osvaldo Fresedotímida entrada de inexpertos bandoneonistas en su ejecución, nació Osvaldo Fresedo. Hijo de clase media acomodada, aunque su madre fuera pianista el proyecto familiar no podía apostar hacia un destino tanguero. Como otros, Osvaldo Fresedo tuvo que soportar la expulsión temporaria del hogar a los quince años de edad, por su empeño en la formación

bandoneonística.  

Ciertamente el muchacho estaba tocado de una pujanza asombrosa por diferentes inquietudes deportivas que despuntaban entonces. Se hizo corredor de maratón, ciclista y motorista y culminó de aviador cuando esta afición tenía un aire de aventura y arrojo. Ganó competiciones internacionales a fuerza de inspiración y constancia.

Sus actuaciones comenzaron en 1914 en el sencillo café Paulín de Buenos Aires. A los pocos años, después de ascender a locales históricos del tango, se convirtió en la orquesta escogida en los salones de la aristocracia porteña exigente y snob, con arrestos de victorianismo pacato a la hora de valorar el tango. Fresedo era el "pibe de la paternal". Bandoneonista y director en quien apreciaron la tendencia al buen gusto y a la evolución. Así mismo, Fresedo supo desde siempre que el tango encarnaba sabor orillero en el infaltable canyengue que lucieron las interpretaciones de su orquesta. Sus grabaciones comenzaron en 1920 (Orquesta Típica Select) y la última fue de 1980, con la orquesta que acabó de delinearse en la década de 1930. "Un mundo en el que todos deben estar de acuerdo", según dijo.

Estaba formada por cuerda completa, percusión con uso preferente de redoblantes de escobilla, vibrafón, además de bandoneones y piano. Una verdadera formación sinfónica para el tango, sin pretender en ningún caso hacer "sinfonismo tanguero" por ello. Más patente nos parece el influjo recibido de las grandes bandas de jazz norteamericanas, que observó desde su primer viaje a Estados Unidos para grabar, en 1920. Más tarde volvería allá incluso para comandar la orquesta que dirigía Arturo Toscanini. Fresedo presentaba su orquesta anunciando él mismo, a los norteamericanos que "iban a escuchar jazz argentino" (evidentemente aquello no era Europa, donde el tango era tango, en Estados Unidos tenía que decirle al público que él hacía una forma peculiar de jazz).

Sus presentaciones europeas fueron desde el teatro de la Ópera en París a los cabarets más suntuosos de la época. En la coherente y bellísima trayectoria discográfica de Fresedo (sesenta años), uno advierte la presencia de un estilo insobornable en sus propias leyes, reconocido en las distintas guardias del tango. No privilegió los virtuosismos solistas, ni siquiera el de su bandoneón director; antes prefirió la sonoridad de la orquesta grande. Tuvo "estribillistas" en tiempos de ribetear con una letra como brochazo temático los tangos, y luego varios cantantes que, excluyendo el pasaje breve pero inconfundible de Gardel en grabaciones, funcionan todos en tono melódico y como una cuerda más en el conjunto.

La fuerza de su concepción interpretativa tiene prolongación, eco, en otras formaciones orquestales también históricas como la de Carlos Di Sarli, y todavía más en Florindo Sasone en incluso en Osvaldo Manzi, por citar. ¿Cómo no recomendar la audición de sus tangos "El once", "El espiante", "Pimienta", "De academia" "Vida mía"...entre otros? Advertiremos siempre la inquietud constante por la belleza formal de una arquitectura expresiva que descubrió en su juventud. A cien años de su nacimiento se recorta su obra con sol propio, en todo el horizonte del tango. No es poco entre tanta muestra de calidad que manisfestaron músicos de las dilatadas guardias con las que Fresedo compartió la escena pública.

   

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