Caminito,
templo ingenuo
del tango

Fotografías © de Adolfo Lázaro
Texto © de J. Alberto Mariñas

El Tango es una religión que atrapa a sus fieles en la liturgia sublime del baile y, como toda religión, el Tango tiene lugares a los que peregrinos de todo el mundo acuden para venerar al mismísimo dios, Carlitos que desapareció en los cielos, e invocar a Troilo, Pugliese, Piazzolla, de Caro, Fresedo, Maglio o cualquiera otro nombre de la larga cohorte de compositores e intérpretes prodigiosos que han dado a esta borgiana secta del coraje y del cuchillo algunos de sus más bellos salmos.

En la lista, no muy larga, de santos lugares porteños, Caminito ocupa un puesto de honor. No es más bello que el Tortoni o la Ideal, no hay en él más arte que en el Viejo Almacén, ni más reminiscencias gardelianas que en el Abasto. Nada importa en realidad que sus atrevidos colores no sean primigenios sino fruto del empeño pictórico y contemporáneo de Benito Quinquela Martín, ni que la canción que lo hizo inmortal no tomara su nombre allí. Caminito es un lugar obligado. Los mercaderes ocupan el alargado templo callejero, pero no lo profanan, lo recrean ingenuo, kischt, colorido, alegre... No hay esencias, pero si plasticidad, espíritu en paquetitos y objetos asequibles e imágenes naif.

Adolfo Lázaro lo ha visto así. Ha aislado lo bello con un ojo selectivo pero no ajeno al entorno, como un turista observador y bienintencionado que prefiere recordar visualmente sólo lo bueno. Puede que su reportaje destile ironía, pero también hay respeto porque sabe que detrás de las capas de pintura, en las casas vecinas, en los muelles de La Boca hay una senda hacia un pasado real y apenas borrado de inmigrantes italianos, trabajadores de puerto y vidas talladas en la escasez.

 

   
   
   
 
   
   
   

 

(Ah, por cierto, el caminito borrado por el tiempo del tango que escribió Gabino Coria Peñazola en 1924 y al que puso música Juan de Dios Filiberto, no estaba en Buenos Aires sino en el riojano pueblo argentino de Olta. Pero eso poco importa, el sentimiento es universal y cualquier lugar es bueno para honrar la nostalgia.)

   

 

To contact the photographer
click here

     

 

INICIO