© Texto y fotos J. Alberto Mariñas

Mi Buenos Aires querido...


Avenida Callao
principio de siglo


Jardín Zoológico


Hotel Metropole

Hubo un tiempo, allá por los años 10 y 20, que en Europa se decía "rico como un argentino" para aludir al hombre de inabarcables caudales.

Argentina era entonces, en efecto, una de las naciones económicamente más florecientes de la tierra, un país que a finales de siglo había unificado su territorio, desalojado a los indios de las grandes extensiones de tierras que ocupaban y, gracias a la ganadería extensiva y al cultivo de cereales, mantenía un próspero comercio con el Vejo Continente.

Coincidiendo con este periodo de bonanza, Buenos Aires, el que fuera un pueblón porteño en 1869, con 180.000 habitantes, se había convertido en una metrópoli populosa y opulenta. En 1914 un millón y medio de personas habitaba sus límites y los hacía crecer. En el año 22, 6.800 automóviles particulares circulaban por sus calles  y una pujante burguesía impulsaba el desarrollo y engalanamiento de la ciudad para convertirla en el París del Sur.

En el arrabal, había proliferado el "conventillo" que daba cobijo a las familias de emigrantes, pero en el centro surgían los hoteles y edificios públicos en arquitectura de estilo francés, las grandes avenidas, los parques, el zoológico… todo era nuevo y todo hablaba de prosperidad y, también, de orgullo y del lícito deseo de ocupar un lugar preeminente en el mundo. En esa época se construye el Teatro Colón, el mayor edificio de ópera del mundo, y se inician las obras del suburbano, único ferrocarril subterráneo de Centro y Sudamérica hasta la construcción del de México en los años 60.

En el Buenos Aires floreciente de principios de Siglo, el Tango era ya un baile que había ido a Europa y había vuelto con un salvoconducto en el bolsillo que le permitía entrar en los salones del centro. Al mismo tiempo, la gente bien sentía la necesidad de separar su tango de aquel otro de arrabal y conventillo, del tango popular que se bailaba en los barrios como la Boca del Riachuelo, Avellaneda, Corrales Viejos, Pueblo de Ranas… y lo llevan a locales caros, lo enmarcan en el cabaret que será durante décadas el escenario perfecto para cantar las desventuras de percantas, milonguitas, pebetas, papusas, bacanes, otarios o cafishos.

Estercita,
hoy te llaman milonguita,
flor de lujo y de placer,
flor de noche y cabaret.

(Milonguita, 1920)


Hotel Palace


Puente sobre el Riachuelo


Obelisco, Avenida 9 de Julio


Plaza de Mayo


Casa de Gobierno

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