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Chuck Berry

por ROBERTO BLANCO TOMÁS

 

     
 

Diego A. Manrique, en la Historia del Rock de EL PAÍS, describía de forma muy acertada las canciones de Chuck Berry: ritmo imparable, guitarra afilada, sonido electrificante, historias de excepcional precisión y poder de evocación. Como instrumentista define lo que es el estilo básico de los guitarristas de Rock hasta el presente. Como compositor, sus piezas retratan de forma imperecedera el estilo de vida de la América juvenil de los años cincuenta.

Hay muchos aspectos desconocidos en la vida de Charles Edward Anderson Berry. Uno de ellos es su fecha de nacimiento: unos dicen que fue el 18 de octubre de 1931; otros dan como válido el mismo día y mes, pero de 1926; y, por último, otros afirman que fue el 15 de enero de 1925. Con el lugar de nacimiento ocurre lo mismo: unos dicen que nació en St. Louis (Missouri) y otros que en San José (California).

 

 

En cualquier caso, da lo mismo: lo importante para todos los amantes del Rock & Roll es que naciera, y ya está. Lo que sí es cierto es que con sólo unos meses de vida, el amigo Berry vivía con su familia en St. Louis, en el gueto de Elleardsville.

Su padre, un carpintero muy trabajador y muy ligado a la iglesia baptista, había llegado a esa ciudad con la típica intención de casi todos los padres de estrellas del Rock & Roll: salir de la miseria. Desde muy pequeño, Berry se interesa por la música, consiguiendo una guitarra con la que practica noche y día. Con el ejemplo del padre y de una madre bastante firme en la economía doméstica aprende pronto el valor del esfuerzo personal y del ahorro y se hace con su primer coche: un Ford V-8 del ´34, el primero de una larga lista. Además de los coches, le apasiona la fotografía, la electrónica y todo lo que tenga que ver con la técnica. Pero la mayor afición de su vida van a ser las tías (junto con la música, que son compatibles). Pronto despuntará como follarín incansable. El alcohol, sin embargo, no le va, haciéndose totalmente abstemio tras una primera experiencia desagradable con éste (una mala tarde la tiene cualquiera).

La primera vez que visite la cárcel (habría otras dos, pero todo a su tiempo) será en el verano de 1944. Charles se sube a un buga con dos colegas, hacia Kansas City. Pretenden llegar a California (todo el mundo pretende llegar a California. Deben repartir caramelos o algo así). Total, que se quedan sin pelas y a uno de sus coleguitas se le ocurre atracar una panadería. Nuestro héroe participa en el segundo atraco, esta vez a una barbería. De vuelta, el coche se jode y nadie para a ayudarles. Hacen bien, porque, tras mucho esperar, al primer buen samaritano que para le roban el coche, siendo detenidos poco después. Le condenan a 10 años de trena, pero sólo cumple tres en el reformatorio de Algoa (Missouri). Cuando vuelve a casa, en el ´47, se pone a currar de carpintero con su padre, que empieza a llamarle Chuck. Poco después se emplea como obrero en la cadena de montaje de la General Motors. Pronto ahorra para otro coche: un Buick Roadmaster Sedan del ´41. Berry mantiene la típica actitud de negro testarudo que curra duro para aprender las reglas y progresar en el mundo de los blancos.

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Él no es racista, y sus gustos cinematográficos y musicales abarcan tanto a blancos como a negros. Su afán de progresar le lleva a inscribirse en la School of Beauty Culture, un instituto de belleza al que iba después del curro. Consigue el título de peluquero y abre su propia peluquería con unos ahorrillos. Por esta época, en octubre de 1948, tiene lugar su boda con Themetta Suggs (a la que Chuck llama cariñosamente Toddy), una mujer bastante discreta. En 1950 nace su primera hija: Darlin´ Ingrid Berry (por Ingrid Bergman, su actriz favorita). Toddy le dará 2 hijas más y un hijo, pero Chuck se hinchará, durante su carrera, de ponerla los cuernos con mogollón de tías, blancas en su mayoría, que salen bien satisfechas. La guitarra no es el único instrumento que sabe manejar el follador rocanrolero de fino bigotillo, muñeca.

Sigamos por donde íbamos: la afición de Chuck por la música no había disminuido. Berry venía sacándose un dinerillo extra tocando profesionalmente en los clubes de St. Louis Blues y Country para negros desde la primavera del ´52. Su banda, el Chuck Berry Combo (compuesta por Johnnie Johnson al piano, Ebby Hardy a la batería y él mismo a la guitarra y cantando), va aumentando su popularidad en la zona y consigue convertirse en la estrella de uno de los clubes más famosos de St. Louis: The Cosmopolitan Club. En esta época, toda la gente del mundillo sabía ya que iban a dar el campanazo. Los miembros del grupo visten elegantes uniformes en sus bolos y su amplio repertorio va desde las baladas de Nat King Cole hasta el Blues, pasando por Louis Jordan. La única banda que les disputa el título de “mejor grupo” de esa zona es la de Ike Turner, que toca al otro lado de la ciudad.

Chuck era perfectamente consciente de que podía conseguir algo grande con su música, pero St. Louis se le quedaba pequeño. En el verano de 1954 viaja a Chicago con un colega y ve en una noche a Howlin´ Wolf, a Elmore James y a su ídolo Muddy Waters. Chuck se arma de valor y le pide a Muddy tocar con él un par de temas en el show de la noche siguiente. Muddy queda impresionado con la habilidad a la guitarra que le demuestra Chuck en el camerino. Accede y le aconseja que vaya a los estudios de la Chess (discográfica para la que graba Muddy. La Chess es un sello mítico en la historia de la música negra) para conseguir un contrato. Al día siguiente, Berry se presenta en la discográfica con una cinta que contiene dos canciones: Wee wee hours (adaptación de un clásico del Blues) y Maybellene (composición propia, partiendo de un viejo éxito Country). Es este tema el que llama la atención de Leonard Chess, que recomienda que la graben adaptada a esa nueva música que llaman Rock and Roll. Como se puede ver, la entrada de Chuck Berry en el nuevo ritmo es casual. En mayo de 1955, con Len Chess manejando un magnetofón monoaural Ampex 403, graba Maybellene, Wee wee hours, Thirty days y You can´t catch me.

Firma contratos de grabación y edición y regresa a casa, al curro de carpintero, al que ha vuelto (la música aun no le da de comer, y tiene una familia que mantener). Pasa el tiempo sin obtener respuesta de Chess. De repente, Maybellene salta a la radio y se convierte en un éxito. Aquí interviene de forma decisiva Alan Freed, que recibe una copia y la pincha sin parar (Freed figura como coautor del tema por gentileza de la discográfica).Desde este momento, Berry se va a convertir en una de las figuras del abanico de Alan Freed. La canción se sitúa en lo alto de las listas de música negra y cabalga también por las emisoras blancas. La carrera de Chuck se dispara: sale de gira, tocando en clubes de Atlanta (Georgia) y en varias ciudades de Nueva Inglaterra, para empezar, y después en los teatros Paramount y Apollo, en Nueva York. Espabila cantidad en la gira, aprendiendo bien el oficio. Hace escala en Chicago para realizar una sesión de grabación el 20 de diciembre de 1955, de la que salen No money down, Together we will always be, Down bound train y otras. A partir de este año no va a parar: recorre el país de concierto en concierto, destacando por su profesionalidad y por su capacidad de espectáculo, con detalles como su famoso duckwalk (“paso del pato”); actúa en cantidad de shows de radio y TV y aparece en unas cuantas pelis, entre ellas Rock, Rock, Rock (1957) y Go, go, go (1959). Sigue grabando bastantes discos y colocándolos en las listas. Se considera que puede ser un serio competidor de Elvis, pero varios detalles juegan en su contra: el color de su piel (su éxito le ha convertido en uno de los artistas más odiados por los adultos blancos bienpensantes de USA), la mala infraestructura de su compañía y la ausencia de un empresario en condiciones que se la juegue por él.

Pero su música no acusa estos problemas: se consolida como un estupendo guitarrista. Su sonido es Blues de Chicago, aderezado con toques de Country y del Jump Blues de Louis Jordan. Sus letras demuestran una gran capacidad para contar historias en el escaso tiempo que dura una canción. Aunque es un adulto, conecta dabuti con la juventud, lo que podemos comprobar si echamos un vistazo a los temas que trata en sus canciones: la hostilidad adolescente (Almost grown), la incomprensión de los adultos (Too much monkey business), la gran importancia del automóvil en la juventud americana (Maybellene, No particular place to go, No money down, Jaguar and Thunderbird, You can´t catch me)... También, como todos, habla de las relaciones chico-chica, en las que cuela algún detalle erótico en la mejor tradición Blues. Otro rasgo personal es la adición de detalles humorísticos a sus canciones.

Berry se da cuenta de que el nuevo estilo puede ser un gran medio de comunicación y, como todos los intérpretes de Rock and Roll, también crea temas militantes: Rock and Roll music, Roll over Beethoven, Let it Rock... y, por supuesto, escribe el cantar de gesta por antonomasia al arquetipo de rocanrolero: Johnny Be Goode (una prueba irrefutable de la importancia de esta canción en la historia del Rock y de la música en general es que fue elegida como uno de los mensajes representativos de la civilización humana que fueron lanzados en la sonda espacial Voyager I, en busca de otras formas de vida inteligente. Anda, ¿eh?). Tampoco se olvida del fenómeno fan: Sweet little Rock and Roller, Sweet little sixteen, Little queenie, Go bobby soxer... El lenguaje que utiliza está repleto de barbarismos, pronunciaciones macarrónicas y palabras medio inventadas, que pasan directamente al argot quinceañero.

En 1956, tras un concierto en Pittsburgh (Pennsylvania), conoce a la que podemos considerar como la mujer de su vida, a la que, fíjate tú, nunca se pasará por la piedra. Se trata de Francine, una chica judía de 20 años. Se hacen muy colegas y, cuando hay más confianza, ella le habla de la necesidad que tiene él de organizar sus asuntos. En noviembre de 1957, Francine (Berry la llama Fran) se va a St. Louis para trabajar con Chuck. Empieza revisando taquillajes e impagados. En febrero de 1958, abren una oficina: la sede de Chuck Berry Music Inc., desde donde se lleva la carrera de Chuck, el club de fans y sus cada vez más importantes operaciones inmobiliarias. Ah, Fran también toca la percusión en Memphis (joder con la niña). En marzo de ese año inauguran el Club Bandstand, un garito que regentará el propio Berry. Luego inauguran el Berry´s Park, un parque de atracciones que han construido en Missouri. Para costear las obras, Berry toca en cualquier sitio que le ofrezcan, viajando solos él y su guitarra y ahorrando al máximo, lo que va a influir en su creciente fama de rácano (por otra parte, ganada a pulso y seguramente influida también por las experiencias de su juventud que antes mencioné). Este mirar por el dinero le permite, en 1959, comprar una casa en el mejor barrio negro de St. Louis.

Pero llegan los problemas: ese año, en uno de sus viajes “conoce a” -según unos- o tiene un lío con -según otros- (qué más da) una chavalita medio apache llamada Janice Escalante, en Juárez (Méjico) -según unos- o en El Paso (Texas) -según otros- (sigue dando igual). La niña no le suelta y Chuck decide traérsela a St. Louis y emplearla en el guardarropa de su club, vestida de india (qué exótico, tú). Y otra vez las dobles versiones (qué trajín): parece ser que, meses después, Chuck la despide y la india, según una versión, es detenida al ser descubierta prostituyéndose en un hotel; según otra, ella misma se planta en comisaría. El caso es que la niñata dice que tiene 14 tacos y que Chuck la ha obligado a ejercer la prostitución en su local. Chuck está en un buen lío, ya que tiene pendiente otro juicio por haber sido parado en la carretera acompañado de una joven francesa. De nada sirve que intente explicarse diciendo que él sólo quería aprender español y que no tiene ni idea de lo que hacía la niña fuera de su garito. Es procesado por trata de blancas.

El juicio subsiguiente es seguido con atención por toda la nación. En el fondo, no sólo se juzga a Chuck Berry, también se juzga al Rock & Roll. Berry es declarado culpable, pero el juicio es invalidado por el talante racista de jurado y juez. El juicio de la francesa lo gana al declarar ésta que está enamorada de él, pero en el segundo juicio de la joven india es declarado culpable de haber impulsado, inducido e incitado a una menor a entregarse al libertinaje y sentenciado a tres años y una multa de 10.000 dólares. No sé si era culpable o no, pero, aparte de que la cría era una mala puta, el color de la piel de Chuck influyó en el veredicto, seguro.

Pasa la mayor parte de su condena en el Federal Medical Center de Springfield (Missouri), donde aprovecha, siempre emprendedor, para estudiar empresariales, leyes, contabilidad y mecanografía. Allí escribe también nuevas canciones: Nadine, No particular place to go, Tulane, You never can tell y Promised land. Sale en libertad condicional el 18 de octubre de 1963 y se traslada a Chicago. Al recuperar la libertad encuentra un panorama totalmente distinto al que conocía. Su figura se ha revalorizado gracias a los nuevos grupos de éxito (Beatles, Stones, Kinks...), que se consideran influenciados por su música. Berry vuelve a los escenarios, cosechando algunos éxitos menores hasta 1965, pero se le considera una vieja gloria y tiene fama de mala leche y de rácano. En mayo de 1964, viaja por primera vez a Inglaterra para dar unos conciertos. Consigue bastantes actuaciones gracias a la moda Beatles/Rolling. La mayoría de los ídolos del Rock & Roll están fuera de combate por diversos motivos y él sabe adaptarse a los tiempos, cambiando de imagen: patillas, pantalones de campana y camisas de colorines.

Mola a todo el mundo: en la segunda mitad de los sesenta es reivindicado por los hippies (te cagas), que ven en él a un predecesor espiritual (malditos porros), pero él se concentra en su Berry´s Park. En él se organizan varios festivales que congregan a mucha peña y que provocan quejas en el paleto vecindario. Fran se cansa y abandona el barco para volver a casa, pero regresa un par de años después. Chuck tira p´alante y acentúa su profesionalidad exagerándola hasta el racanismo (nada de bises, dinero extra por cada minuto de más en sus shows...). A partir de 1970, se convierte en un habitual de los conciertos nostálgicos. En uno de ellos (en Coventry, Inglaterra), graba y publica su discográfica sin su consentimiento My ding-a-ling, oda a la masturbación que llega al número 1 en 1972 y se convierte en el mayor éxito de su carrera. El éxito económico trae una auditoría del fisco, que le empura por impuestos no pagados de 1973-74. El 10 de agosto de 1979 ingresa en el Lompoc Prison Camp (California) por tres meses. En la trena termina su autobiografía. En 1975 había firmado un contrato con la Chess que le aseguraba un álbum anual, lo que confiere estabilidad a su carrera. A mediados de los ochenta ingresa en el Rock´n´Roll Hall of Fame y protagoniza la peli autobiográfica Hail! Hail! Rock and Roll.

Y hasta aquí la historia de Charles Edward Anderson Berry. Actualmente, con los royalties que sigue cobrando por los cientos de versiones que se han hecho de sus temas, Chuck vive de puta madre. Además, continua tocando y la gente no le ha olvidado: es una estrella del Rock & Roll. Sí señor.

 

 

ROBERTO BLANCO TOMÁS

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